¿Qué tiene que ver el Cuaderno de Cristofol con el Tenorio? Sin duda el hábil lector o lectora se lo estará preguntando tan pronto haya leído el encabezado de estas líneas. Es verdad que precisamente la historia del don Juan Tenorio de Zorrilla se desarrolla precisamente en el Siglo de Oro, la época en la que se escribieron los textos del Cuaderno, y los personajes que aparecen en esos textos parecen ser coetáneos al propio Cristofol. Pero ¿hay algo más?
Es de sobra conocido que el Tenorio fue escrito cuando ya su autor tenía una importante reputación. Más tarde, a medida pasó el tiempo, Zorrilla llegó a renegar de su obra más famosa en numerosas ocasiones, porque como él mismo reconocía, el personaje de don Juan terminó engullendo la propia personalidad de su creador. En la obra Recuerdos del tiempo viejo que es un libro autobiográfico escrito por Zorrilla con 64 años, llega a decir que fue escrita con muy mal gusto, y, textualmente, que "no podía salir buena una obra tan mal pensada". Voy a permitirme reproducir un fragmento de esta obra que acabo de citar, en el que confiesa sin tapujos la manera improvisada y chapucera en la que se gestó esta obra inmortal:
"En Febrero del 44 Carlos
Latorre volvió a Madrid y necesitaba una nueva obra: Correspondíame de derecho aprontársela pero yo no tenía nada pensado y urgía el tiempo: El teatro debía cerrarse en abril. No recuerdo quién me indicó el pensamiento de una refundición del Burlador de Sevilla o si yo mismo,
animado por el poco trabajo que me había costado la de Las travesuras de Pantoja, dí en esta idea registrando la colección de las comedias de Moreto; el hecho es que, sin más datos ni más estudio que el Burlador de Sevilla de aquel ingenioso fraile y su mala refundición de Solís que
era la que hasta entonces salía representada bajo el título de 'No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague' o 'Convidado de Piedra', me obligué a escribir en veinte días un don Juan de mi confección".
Recuerdos del tiempo viejo; José Zorrilla, 1880. (Disponible en Editorial Debate, S.A. Ed. 2001)
Cubierta de la primera edición de la obra "Recuerdos del Tiempo Viejo". Editada en Barcelona por la imprenta de los Sucesores de Ramírez y Cía, en 1880.
José Zorrilla deja caer más de una pifia en ese párrafo. Lo explica muy bien Fernando Díaz-Plaja en su libro El don Juan Español. Me permito citarlo también textualmente:
"José Zorrilla está contando cómo nació la obra que le iba a dar mayor fama y empieza equivocándose... o equivocando al lector. 'El burlador...' no es de Moreto, sino de Tirso, y la 'refundición', como él la llama, fue escrita por Antonio de Zamora y no por Solís. Algunos críticos han creído que, más que ignorancia, lo que trataba Zorrilla era de confundir las pistas de sus lecturas para pasar por más original. Resulta difícil creer que el nombre de Antonio de Zamora no le resultara familiar, ya que su Tenorio se veía en aquel tiempo mucho más que el de Tirso y además Zorrilla sacó bastante de él".
El Don Juan Español; Fernando Díaz-Plaja, Ed. Encuentro, 2000.
Si Díaz-Plaja está en lo cierto, a Zorrilla no le eran ajenas las maniobras para arrogarse un mérito que no le correspondía. Pero, volviendo al tema que nos ocupa: ¿Quién era ese tal Carlos Latorre que cita Zorrilla en sus Recuerdos del tiempo viejo? En el año 1844, Carlos Latorre era un galán de los escenarios españoles. Era un actor joven, pero ya de reconocida fama. Tan reconocida, que podía permitirse el lujo de elegir las piezas que representaba. Quería una obra nueva para su retorno a los escenarios madrileños, y escogió a Zorrilla para que se la escribiera.
Grabado de Carlos Latorre publicado en el nº 24 de la revista "El Museo Universal" (14 Junio 1863), con motivo de su fallecimiento.
Díaz-Plaja es de quienes piensan que pudo ser el propio Latorre el que le sugirió a Zorrilla hacer una nueva versión de El burlador de Sevilla, ya que daba muy buen tipo para el papel de galán español, y al autor probablemente le pareció buena idea. Zorrilla era hombre de firmes convicciones, absolutista y religioso, y podía aprovechar para introducir un mensaje moralizante castigando al protagonista por su vida apartada de los preceptos de la Iglesia.
Y es ahora es cuando ponemos sobre la mesa la pieza mágica de nuestro puzzle. Imaginemos por un momento que Carlos Latorre no sólo propusiera a Zorrilla la refundición del personaje de don Juan, sino que además pusiera en sus manos algún material inédito que pudiese utilizar en esa tarea. Supongamos que Zorrilla recibió de Latorre documentos, cartas, algún material de primera mano procedente de la época en que se desarrolla la acción, con el fin de que construyera de forma más directa y real a su personaje, por encima del arquetipo tomado de las versiones anteriores en las que se inspiró.
Esta idea, que en un primer momento puede parecer absurda, no lo es tanto una vez comprobamos que Carlos Latorre es, ni más ni menos, antepasado del capitán Julio Latorre, la persona que en los últimos años ha conservado en su poder El Cuaderno de Cristofol, al que precisamente llamaba "los papeles del bisabuelo Carlos" (Ver "Así comenzó todo"). Consideramos un hecho demostrado sin ningún género de dudas que el actor Carlos Latorre tuvo en su poder el "Cuaderno de Cristofol", y lo conservó hasta su muerte, transmitiéndolo como un legado familiar a través de varias generaciones, para fortuna de las letras españolas.
Y nuestra hipótesis es que Carlos Latorre pudo haber facilitado a José Zorrilla el documento y, por tanto, todo o parte del contenido del Cuaderno de Cristofol fue fuente de inspiración, e incluso fuente literaria, de la que se nutrió el autor del "don Juan Tenorio", obra que más tarde terminaría siendo una de las joyas de la literatura más universales de todos los tiempos.
Hablamos de una mera hipótesis porque no tenemos ninguna prueba material de que Carlos Latorre llegara a entregar alguna vez el Cuaderno de Cristofol a Zorrilla. Pero existen sorprendentes coincidencias que sobrepasan los límites de lo que razonablemente podemos llamar "casualidad". Parece que el propio Zorrilla hubiera querido hacer uso de los caprichos de la ficción literaria para dejar las pistas necesarias y que algún día saliese a la luz la verdad.
Primera página del manuscrito original del don Juan Tenorio, de puño y letra de José Zorrilla, cuya acción comienza en la Hostería de Cristófano Buttarelli.
El primer acto del Tenorio se desarrolla en el negocio de un tal Cristófano Buttarelli que Zorrilla llama "Hostería del Laurel". De acuerdo con nuestra hipótesis, en realidad se trata de la taberna de Cristófol de Botarell: el mismo Cristófol que fue a Sevilla desde aquella pequeña localidad de Tarragona (Ver "Cristofol: un fotógrafo del siglo XVI"). Zorrilla utilizó para el caso el recurso, por otro lado muy común, de agregar al nombre de pila el lugar de nacimiento a modo de apellido, y además trastocó ligeramente nombre y apellido haciéndole pasar por italiano, y ocultando así su verdadero origen catalán.
En español, la palabra "hostería" denomina al negocio en el que se da hospedaje y manutención. Pero este término procede del italiano "osteria", cuya traducción exacta al castellano es "taberna", y el "oste" es el tabernero, que es precisamente el oficio real de Cristófol Brull. No hay nada en la descripción de la "Hostería del Laurel" que haga pensar que se tratase de una posada. Más bien parece, en efecto, una taberna, pero Zorrilla prefirió utilizar el término de influencia italiana, más congruente con el personaje de Cristófano.
Pero si nuestra hipótesis es cierta y Butarelli está inspirado en un personaje real, ¿hasta qué punto no fueron también reales, con otros nombres, los mismos Tenorio, Mejía, Avellaneda o Centellas? ¿y hasta qué punto los pudo encontrar Zorrilla reflejados, de una u otra forma, en los textos de Cristófol Brull?
Aunque nuestras investigaciones aún no tienen conclusiones definitivas, el hecho es que unos textos escritos en la época en la que el Don Juan Tenorio de Zorrilla pisaba las calles de Sevilla, y que reproducen conversaciones reales del siglo XVI, estuvieron en manos del actor que encargó personalmente esta obra a su autor, y por tanto muy probablemente fueron algo más que la inspiración de Zorrilla para escribir el don Juan Tenorio.
Después de aquello, durante más de ciento cincuenta años, el Cuaderno de Cristofol ha permanecido oculto, hasta que hace apenas unos meses, casi por azar, ha venido a reclamar el sitio que le corresponde en la historia de las letras españolas.
Alberto Romero Ferrer Director de proyecto (Equipo de Investigación "Cristofol") Profesor Titular de Filología Universidad de Cádiz